"Lo de valientes es enfrentar la vida"

Muchos jóvenes de Pisulí y La Roldós desisten de su formación por el difícil acceso a estudios superiores y, ante las necesidades apremiantes de sus hogares, optan por empleos informales. Sembrar ha buscado una alternativa de formación profesional mediante un curso de Gastronomía con el apoyo de Bill Letiery, chef y dueño del restaurante de Alta Cocina “Carmine Gastronomía y Arte”, lugar donde se realizaron las prácticas bajo su mentoría; y la Escuela de Hospitalidad y Turismo de la Universidad de Las Américas (UDLA) que contribuyó en el diseño de la malla curricular y la identificación de instructores teóricos. Este curso fue pensado para que jóvenes en condiciones socioeconómicas desfavorables adquieran altas competencias profesionales, donde las prácticas han permitido que los jóvenes “aprendan haciendo” bien sea asistiendo al personal de cocina, como atendiendo directamente a clientes de un restaurante de alto perfil con altos niveles de demanda.

Uno de los 8 participantes, Darío Chala (28 años), nos cuenta: “Antes de entrar al curso solo tenía trabajos esporádicos: limpiar jardines, hacer veredas, botar escombros. Estuve nueve meses en el cuartel donde aprendí instrucción militar pero salí. Me enteré del curso por mi hermana y me dije “voy a ver” porque estaba perdiendo mi tiempo sin hacer nada. Fui a la fundación, me inscribí (a la preselección) y después comenzamos el curso en el restaurante. Ahí conocimos a muchas personas que nos enseñaron, aunque hayan estudiado lo mismo cada uno tiene sus técnicas. Para mí, Carmine es un gran chef y una buena persona, nos quiere bastante sino ya hubiera dado por terminado el curso (risas), nos ha tenido mucha paciencia.

Antes me gustaba la cocina por hobby, pero ahora gracias al curso trabajo en el “Carmine”, una experiencia maravillosa pero también dura porque hay más presión, te piden que hagas más cosas y más rápido, que te desenvuelvas, que te sueltes. Mi trabajo consiste en lavar platos, pero también ayudo en el horno, a decorar platos o en lo que estén haciendo. Lo importante es que estoy en la cocina viendo cómo trabajan y aprendiendo a la vez. Hay vida en la cocina, colores, olores. A mí me gusta trabajar, hacer las cosas bien, pero la construcción es un trabajo fuerte donde es difícil ver alegría. Si uno hace algo que le gusta se siente mejor. Gracias a la fundación y al curso, he conseguido un trabajo donde me gusta lo que hago. Claro que a veces uno falla, pero las cosas son así, hay que superarlas y seguir haciéndolas bien. Este trabajo me ha ayudado a establecerme, ahora puedo ayudar a mi familia y hasta puedo vestirme y arreglarme, antes no me alcanzaba ni para cortarme el pelo ¡andaba como Barrabás!. Estoy feliz aún que todavía me falta, quiero encontrar un trabajo de cocina a tiempo completo. Mi mensaje para los jóvenes es que no dejen de buscar, no hay que rendirse a pesar de lo que diga la gente. Uno como persona vale. Los jóvenes tenemos oportunidades, en vez de meterse en las drogas, en vez de buscar “familia” en la calle, busquen un trabajo. En el trabajo también se puede encontrar una familia: uno tiene su familia pero trabaja todos los días, en tu trabajo también convives. Tus compañeros son tus hermanos, con tus hermanos no te puedes pelear. Con gente de la calle, por cualquier cosa, tú vas a pelear y algo malo puede pasar. La calle no es para valientes. Lo de valientes es enfrentar la vida.