Los encuentros de "Integración y Cultura" son presenciales, se realizan en las instalaciones de la Fundación o en lugares de la ciudad significativos por su historia, cultura o naturaleza; su frecuencia es quincenal o mensual, en un momento del fin de semana (generalmente de media jornada)
Es importante que en tu planificación incluyas los tiempos que esperas que tome cada actividad. Recuerda que si consideras que una actividad durará 10 minutos, en tu planificación deberías calcular aproximadamente 13 minutos, teniendo en cuenta el tiempo que toma iniciar y cerrar la tarea. Debes mencionar y mostrar estos tiempos a los participantes, para que sepan qué se espera de ellos. Los tiempos no son una camisa de fuerza, pero sí una guía que ayuda a cumplir los objetivos y a que los participantes den lo mejor de sí. Es clave que comuniques cuánto tiempo ha transcurrido y cuánto queda para terminar la actividad. Además, los participantes pueden tener a su alcance instrumentos que les ayuden a gestionar el tiempo adecuadamente.
Por ejemplo, puede haber un reloj grande visible para todos, evitando así distracciones con relojes personales o celulares. También se pueden usar recursos como cronómetros digitales, relojes de arena, canciones, señales visuales tipo semáforo o cuentas regresivas. Lo importante es que comprendan cómo controlar su tiempo de forma que les permita alcanzar los objetivos de la actividad.
(Bambrick-Santoyo, 2016; Lemov, 2021)
en el cual se proponen actividades como proyección de películas, karaoke, preparación de recetas, juegos o salidas a la montaña o a museos. El(la) educador(a) encargado(a)
Piensa siempre en el objetivo del encuentro antes que en las actividades y respóndete: ¿Qué quiero lograr que los participantes aprendan en esta sesión? Con eso en mente, debes redactar los objetivos, las actividades y la forma de su evaluación (en caso de que sea aplicable, por ejemplo, talleres o PELCA). Es importante que los objetivos sean alcanzables, medibles, específicos, realistas y con una duración limitada, para verificar su cumplimiento al final del encuentro o tema. A este tipo de objetivos se les conoce como SMART por sus siglas en inglés.
(Bjerke & Ranger, 2017; Bambrick-Santoyo, 2016)
deberá cuidar al detalle cada momento de la actividad (por ejemplo, entradas, rutas, lista de participantes) mediante un check-list y una visita previa, en caso de que se trate de una salida. La actividad se desarrolla con un mínimo de 25 personas y un máximo de 40.
Al momento de planificar, debes procurar que en el espacio de aprendizaje exista al menos una actividad que promueva el aprendizaje activo de los participantes. Asegúrate de que no seas solo tú quien manipula el conocimiento o desarrolla la destreza.
Por ejemplo, se pueden organizar grupos de trabajo en los que se identifiquen líderes que fomenten la participación de los demás.

Antes de iniciar la actividad, el(la) educador(a) habrá identificado a padres con ciertas habilidades
Todo lo que hacemos – y también lo que dejamos de hacer – comunica. Bajo esta premisa, siempre estás comunicándote: desde tu forma de hablar hasta tu forma de vestir y moverte. Por eso, tu postura corporal debe ser cuidadosamente considerada. Uno de los principios básicos es priorizar las “poses poderosas” y evitar posturas que transmitan indecisión, frustración u otras emociones que no contribuyen al aprendizaje. “Extenderse” es una buena forma de empezar. Para ello, evita hablar entrelazando las manos o cruzando los dedos, los brazos o las piernas. Por el contrario, procura extenderte físicamente y encontrar posturas que te resulten cómodas, pero que al mismo tiempo comuniquen interés y atención. También es recomendable evitar jugar repetidamente con objetos como anillos, aretes, bolsillos o esferos. Esta técnica es sencilla, se puede incorporar con la práctica, y es útil tanto en las visitas domiciliarias como en los encuentros en el centro.
(Cuddy, 2012)
de liderazgo (2 para cada 10 participantes) para que le ayuden a manejar el grupo, a mantener el ritmo de la actividad y, sobre todo, a estar atentos a lo que sucede (preparación de los espacios o del material, personas con necesidades particulares, etc.).
Anticipa detalladamente las acciones que los participantes realizarán. Es importante que visualices la actividad o espacio de aprendizaje e incluyas en tu planificación incluso las técnicas más sencillas. Esto te ayudará para que, al momento de ejecutarlas, tengan claro el cómo y el porqué de cada acción. Asimismo, debe quedar claro qué, cómo y quién quieres que responda o participe. Esto no quiere decir que la planificación sea una camisa de fuerza, pero sí una guía útil para que la actividad fluya.
(Lemov, 2021)
En caso de que se detecten padres con ciertas dificultades y/o límites (por ejemplo, dificultad de integración o de comprensión), el(la) educador(a) deberá asumir personalmente su cuidado y acompañarles a descubrir su valor como personas – por encima de sus defectos – así como sus talentos durante el desarrollo de la actividad.
Cuando una rutina, transición o procedimiento no se dio de la forma correcta, la mejor manera de corregirlo es practicando el ejercicio nuevamente. Para eso, puedes decir frases como: "Buen trabajo. Lo hicieron bien. Ahora vamos a intentar hacerlo excelente" o "Creo que nos faltó poner atención a lo que hicimos, vamos a intentarlo de nuevo". Esta técnica promueve el trabajo de excelencia en grupo e impulsa las altas expectativas.
(Lemov, 2021)
El(la) educador(a), durante los recorridos o el desarrollo de las actividades, pedirá a los padres que manifiesten los descubrimientos que vayan realizando para ayudar a desarrollar su capacidad de atención a lo que sucede (por ejemplo, elementos de la naturaleza en caso de salidas o detalles del lugar visitado en caso de museos etc.). El(la) educador(a) debe valorar cada descubrimiento e impulsar la curiosidad de los padres ofreciendo elementos para fortalecer su identidad cultural y su propio sentido de pertenencia.
Al final de la actividad, el(la) educador(a) preguntará a los padres si la actividad realizada les ha hecho surgir el deseo de repetirla con sus amigos o familiares. Al mismo tiempo, les preguntará qué lugares o actividades nuevas les gustaría realizar o visitar en el próximo encuentro. De esta manera, se favorecerá el desarrollo de las expectativas hacia el futuro (por ejemplo, nuevos lugares o experiencias por conocer y hacer).
Pregunta a los participantes sobre sus intereses y tenlos en cuenta en la planificación; esto hace que quieran participar más activamente. Puede ser tan sencillo como brindar ejemplos relacionados con lo que deseas explicar, tomando en cuenta sus intereses – como personajes de una película, juegos, profesiones, etc. – hasta realizar un proyecto interdisciplinario basado en ese tema. La clave está en que anotes en un pequeño cuaderno los principales intereses de los participantes, y que esto te sirva como un recordatorio constante dentro de tu planificación. Para obtener información sobre sus intereses, puedes hacer preguntas orales o pedirles que completen un formato físico.
(Renzulli, 2023; Cherkas, 1992)
En algunas ocasiones podemos encontrarnos con situaciones difíciles o malentendidos entre el educador y el estudiante y/o su familia. Algunos temas ya son acalorados de por sí, lo cual es normal. Es importante que al hablar mantengas la calma y procures mantenerte objetivo (no subjetivo) bajo la situación en la que te encuentras. Si formas parte de una pequeña discusión recuerda aportar luz y no calor. Para esto debes escuchar con atención la opinión del otro, por mucho que estés en desacuerdo, y debes reconocer que su punto de vista también es válido. Tu objetivo será dejar que entren rayos de luz sobre el tema, y así abrir la
discusión, respetando el punto de vista de la familia, y procurando que comprendan el tuyo. Mantener la calma nunca falla.
Al inicio de la actividad, el(la) educador(a) expondrá la estructura de la jornada; después, iniciará un diálogo donde será el primero en manifestar a los participantes qué es lo que espera para sí de la
Una de las acciones más desafiantes para un(a) educador(a) es entregar instrucciones claras. Para lograrlo, enumera tus indicaciones y trata de expresarlas con la menor cantidad de palabras posible. Es importante no enfocarse en decir a los participantes lo que no deben hacer, sino que, por el contrario, seas específico en lo que deseas que realicen. Las instrucciones deben estar fragmentadas en pasos simples, ser concretas y presentarse en el orden en que esperas que se ejecuten. Para captar la atención de todos, se recomienda que las instrucciones no se den únicamente de forma oral, sino que también estén acompañadas de apoyos visuales o texto escrito. Asimismo, se sugiere que las instrucciones sean repetitivas, es decir, que utilices siempre las mismas frases para actividades que se repiten constantemente en los espacios de aprendizaje.
(Bambrick-Santoyo, 2016; Lemov, 2021)
jornada; luego, realizará preguntas como ¿por qué han venido? o ¿qué esperan de este día? para
Espera un tiempo apropiado para que los participantes estén listos para responder. Esto fomenta la atención y evita la frustración. Por otro lado, también es claveque no modifiques la pregunta (después de haberla hecho) por pensar que es muy compleja para los participantes. Es más apropiado que la repitas y les des mayor tiempo para discutirla y responder.
(Banco Mundial, 2021; Lemov, 2021)
generar un clima que les invite a expresar sus sentimientos, deseos, opiniones. Para el desarrollo de la actividad, el(la) educador(a) explicará a los padres identificados anteriormente como responsables en qué consiste su tarea para que la pongan en práctica. Las principales responsabilidades son:
– Belleza (espacios limpios, ordenados y sin basura).
– Servicio de orden (distribución o involucramiento de los padres).
– Logística (pensar, llevar y traer materiales).
– Acogida (acoger a padres nuevos y estar pendientes de quien tenga necesidades particulares).
Debes evitar hacer preguntas como: “¿Entendieron?”, “¿Está todo claro?” o preguntas que incluyan afirmaciones generales como: “¿Todos comprendieron cómo se deben batir los ingredientes?”. Frente a este tipo de preguntas, la respuesta de los participantes suele ser poco consciente. Por eso, es mejor formular preguntas concretas y objetivas para verificar si el objetivo realmente se ha cumplido.
Por ejemplo: “Quiero que cada uno piense en un ejemplo de tipos de ingredientes que se utilizan para leudar” (en el caso del taller de cocina), y luego alguien lo comparta. O bien: “Quiero que las mamás y papás presentes me comenten qué materiales podrían tener en casa que les sirvan para elaborar esta misma actividad de PELCA en el hogar”. Posteriormente, elegiré al azar a algunos de ustedes para que presenten sus respuestas.(Lemov, 2021; BancoMundial, 2021)
Durante la actividad, el(la) educador(a) pedirá y dará retroalimentación a los padres responsables para verificar si han comprendido y que así puedan replicarlo al resto.
Es importante que utilices un vocabulario empático y positivo con los participantes. Concéntrate en la acción realizada y no en los atributos de la persona. Es adecuado invitar a una nueva conducta, en lugar de hacer énfasis en la conducta que no es la esperada.
(Nelsen et al., 2015)
Al finalizar la actividad, el(la) educador(a) preguntará a los padres responsables ¿cómo se sintieron al asumir la responsabilidad? Y a los otros, ¿cómo se sintieron escuchando y siguiendo a otros padres para cumplir las tareas asignadas?, según las respuestas, el(la) educador(a) ayudará a los padres a expresar sus ideas de una manera coherente y clara, y a los demás a poner en práctica su capacidad de escucha con atención (involucrando todos sus sentidos).
En esta técnica, debes demostrar escucha y empatía hacia los participantes. Para ello, es clave el parafraseo de sus ideas y sentimientos, evitando brindar tu opinión o emitir juicios de valor. Esta técnica permite que los participantes se sientan escuchados y, además, que puedan oír en boca de otra persona lo que están expresando. Esto hace que sus emociones y opiniones se vuelvan más objetivas. Cuando una situación se percibe de forma más objetiva, es más fácil que una persona pueda resolverla por sí misma. En los casos necesarios, después de que el miembro de la familia haya terminado de expresarse, puedes hacerle preguntas generales y dirigidas para que encuentre una solución a su problema.
Por ejemplo, si un participante se está quejando del trato de sus compañeros, tú debes repetir lo que él o ella dice con tus propias palabras, preguntando: "¿Lo que quieres decir es que te pone triste que tus compañeros no quieran jugar contigo?" Luego puedes continuar con otras preguntas como: "¿Por qué crees que esto sucede?" o "¿Cómo crees que se puede resolver esta situación?"
(Cuddy et al., 2015; Covey, 2023)
El(la) educador(a) pedirá con anterioridad a los padres encargados que dirijan las actividades, esto les ayudará a desarrollar su capacidad de guiar, y motivar a otros para lograr un objetivo en común, así como de ayudar a otros y hacerles crecer, aportando sus propios conocimientos y/o habilidades.
Al momento de planificar, debes procurar que en el espacio de aprendizaje exista al menos una actividad que promueva el aprendizaje activo de los participantes. Asegúrate de que no seas solo tú quien manipula el conocimiento o desarrolla la destreza.
Por ejemplo, se pueden organizar grupos de trabajo en los que se identifiquen líderes que fomenten la participación de los demás.
El(la) educador(a) propondrá actividades para que los padres se involucren y se relacionen entre sí, pero también buscará un espacio durante el desarrollo de la actividad (por ejemplo, caminando durante el paseo, durante el refrigerio o la comida, en el traslado a los museos) para dialogar sobre situaciones que estén viviendo o afrontando en el trabajo, en la casa, en la familia, etc., para así fortalecer la relación educativa, siendo el(la) educador(a) el primero en aportar con sus propios conocimientos y/o habilidades.
Es importante que utilices un vocabulario empático y positivo con tus participantes. Concéntrate en la acción realizada y no en los atributos de la persona. Es adecuado invitar a una nueva conducta, en lugar de hacer énfasis en la conducta que no es la esperada.
(Nelsen et al., 2015)
Se privilegiarán actividades en equipo (como juegos) donde deberán formar grupos y plantear estrategias, motivándose entre sí para ganar.
Muestra alegría y compromiso en tu actividad. Esto no quiere decir que siempre debas hacer actividades que los participantes consideren "divertidas", pero sí debes mostrarte satisfecho (apasionado) con sus logros y transmitir el amor por el aprendizaje. Si demuestras cariño y gratitud hacia los participantes a las que estás brindando apoyo, el sentido de pertenencia aumenta y el ambiente de interacción mejora.
(Lemov, 2021)
El(la) educador(a) estará atento al desarrollo de la actividad, para identificar cuáles padres han mostrado mayor capacidad de guiar, motivar y organizar al equipo, factores que se considerarán a la hora de anunciar el ganador. Al finalizar la actividad, el(la) educador(a), a través de un breve diálogo, preguntará si los padres pudieron identificar durante la actividad personas que sean ejemplos y modelos positivos y reflexionará sobre el significado y la importancia de tener estos en la vida.
Se recomienda no sobreutilizar los elogios, ya que si todo está siempre “excelente”, en algún momento deja de ser significativo y la felicitación pierde su sentido. Se sugiere utilizar refuerzos positivos bien pensados y debidamente merecidos. Asimismo, se recomienda que felicites las acciones y no los atributos personales los participantes.
Por ejemplo, es mejor decir: “Te esforzaste y conseguiste un excelente resultado” en lugar de “Qué inteligente eres”. Es importante que muestres confianza y altas expectativas hacia los participantes, y que sepas diferenciar entre un reconocimiento (cuando se alcanza el objetivo) y un elogio (cuando la persona supera el objetivo).
(Lemov, 2021)