Los talleres se realizan semanalmente en dos jornadas en las aulas del Centro Juvenil, de 8h30 a 10h30 y de 15h00 a 17h00. Cada taller cuenta con un mínimo de 10 niños en edad escolar y un máximo de 20. Los talleres pueden variar según los intereses detectados (cocina, danza, arte, etc.), pudiendo el niño escoger un solo taller al cual asistir durante la semana y por un tiempo de al menos tres meses.
Pregunta a los participantes sobre sus intereses y tenlos en cuenta en la planificación; esto hace que quieran participar más activamente. Puede ser tan sencillo como brindar ejemplos relacionados con lo que deseas explicar, tomando en cuenta sus intereses – como personajes de una película, juegos, profesiones, etc. – hasta realizar un proyecto interdisciplinario basado en ese tema. La clave está en que anotes en un pequeño cuaderno los principales intereses de los participantes, y que esto te sirva como un recordatorio constante dentro de tu planificación. Para obtener información sobre sus intereses, puedes hacer preguntas orales o pedirles que completen un formato físico.
(Renzulli, 2023; Cherkas, 1992)
En estos espacios, los niños pueden descubrir sus talentos y habilidades, adquirir nuevos conocimientos y relacionarse con otros de su edad. El material utilizado debe favorecer el mínimo desperdicio y promover el aporte de los padres.
Piensa siempre e nel objetivo del encuentro antes que en las actividades y respóndete: ¿Qué quiero lograr que los participantes aprendan en esta sesión? Con eso en mente, debes redactar los objetivos, las actividades y la forma de su evaluación (en caso de que sea aplicable, por ejemplo, talleres o PELCA). Es importante que los objetivos sean alcanzables, medibles, específicos, realistas y con una duración limitada, para verificar su cumplimiento al final del encuentro o tema. A este tipo de objetivos se les conoce como SMART por sus siglas en inglés.
(Bjerke & Ranger, 2017; Bambrick-Santoyo, 2016)

Al inicio, el(la) educador(a) propondrá a los niños organizar y mantener limpio el espacio donde se desarrollará la actividad, así podrá fomentar su capacidad de atención a lo que sucede en su entorno (por ejemplo, el orden y el material adecuado, la limpieza, la presencia de niños con necesidades particulares); además, verificará si los niños durante el desarrollo del taller siguen instrucciones y se ayudan entre ellos.
El(la) educador(a) delegará responsabilidades a los niños (por ejemplo, tomar asistencia, organizar el espacio y el material) para que tomen conciencia de sus habilidades y límites y estas puedan ser potenciadas o corregidas al momento.
Al momento de planificar, debes procurar que en el espacio de aprendizaje exista al menos una actividad que promueva el aprendizaje activo de los participantes. Asegúrate de que no seas solo tú quien manipula el conocimiento o desarrolla la destreza.
Por ejemplo, se pueden organizar grupos de trabajo en los que se identifiquen líderes que fomenten la participación de los demás.
Finalmente, según las dificultades y límites detectados, el(la) educador(a) ayudará al niño a superar estos fracasos, a recuperar fácilmente el camino (resiliencia) y lo motivará a intentarlo
Es importante que utilices un vocabulario empático y positivo los participantes. Concéntrate en la acción realizada y no en los atributos de la persona. Es adecuado invitar a una nueva conducta, en lugar de hacer énfasis en la conducta que no es la esperada.
(Nelsen et al., 2015)
de nuevo. Además, buscará que el niño aprenda a aceptar positivamente la corrección y que mantenga vivas las expectativas hacia el futuro (desarrollo profesional, mejores condiciones de vida, mejor clima familiar).
En esta técnica, frente a comentarios tales como “no soy bueno para las matemáticas”, “no entiendo cómo se hace este ejercicio”, “yo no puedo” o “yo no soy capaz”, debes responder a los participantes con la palabra “todavía”, para que utilicen frases como: “todavía no lo sé”, “aún estoy aprendiendo” o “esto me falta por aprender”. Es una técnica sencilla para desarrollar la mentalidad de crecimiento en los participantes, evitando que adopten una mentalidad fija. En otras palabras, es una forma de hacerles entender que sus capacidades no son fijas y que, si se esfuerzan, pueden desarrollarlas. Esta técnica es fácilmente aplicable tanto en tareas dirigidas como en visitas, talleres y PELCA.
(Dweck, 2014)
Al inicio, el(la) educador(a) invitará al niño a indagar más profundamente en la actividad, a través de preguntas abiertas (por ejemplo, ¿quién lo hizo o lo creó?, ¿cómo crees que lo realizó?, ¿cómo lo descubrió?, ¿por qué crees que se llame así?, ¿lo has visto en otra parte?), que serán
Debes evitar hacer preguntas como: “¿Entendieron?”, “¿Está todo claro?” o preguntas que incluyan afirmaciones generales como: “¿Todos comprendieron cómo se deben batir los ingredientes?”. Frente a este tipo de preguntas, la respuesta de los participantes suele ser poco consciente. Por eso, es mejor formular preguntas concretas y objetivas para verificar si el objetivo realmente se ha cumplido.
Por ejemplo: “Quiero que cada uno piense en un ejemplo de tipos de ingredientes que se utilizan para leudar” (e nel caso del taller de cocina), y luego alguien lo comparta. O bien: “Quiero que las mamás y papás presentes me comenten qué materiales podrían tener en casa que les sirvan para elaborar esta misma actividad de PELCA en el hogar”. Posteriormente, elegiré al azar a algunos de ustedes para que presenten sus respuestas.
(Lemov, 2021; Banco Mundial, 2021)
importantes para hacerle pensar, razonar, investigar y reflexionar. El(la) educador(a) buscará despertar su curiosidad y desarrollar su capacidad de formular preguntas para conocer más.
Al inicio de cada encuentro o de un tema nuevo, ya sea en talleres o en PELCA, haz preguntas que vinculen el nuevo conocimiento con aquello que los participantes ya saben. Esto permite que se activen las conexiones neuronales y que la información se retenga con mayor facilidad. Asimismo, esta técnica ayuda a reducir el olvido de información clave que pudo haber sido compartida algunos días o semanas antes.
(Banco Mundial, 2021)
En el momento de realizar la actividad, se dará la oportunidad al niño de experimentar y descubrir las diferentes posibilidades que brindan los instrumentos, herramientas o utensilios (por ejemplo, con la pintura se le invitará a descubrir las gamas de colores; con la masa, a experimentar la transformación del material líquido a sólido; y, con un baile típico, a explorar los distintos tipos de movimientos de su cuerpo).
Es importante que planifiques preguntas que sean interesantes, desafiantes y claras. Evita las preguntas retóricas, ya que el hecho de que parezcan tener una respuesta “obvia” puede hacer que los participantes pierdan interés en responderlas y no participen activamente en la actividad.
Por ejemplo, en lugar de preguntar “¿Comprendieron?”, formula preguntas que comiencen con expresiones como: “¿Cuál es la relación entre...?” o “¿Cómo explicarías este asunto a alguien que no sabe nada del tema?”
(Banco Mundial, 2021)
Finalmente, el(la) educador(a) preguntará a los niños cómo podrían aplicar lo aprendido en su vida cotidiana, por ejemplo, en la escuela o en casa,
Espera un tiempo apropiado para que los participantes estén listos para responder. Esto fomenta la atención y evita la frustración. Por otro lado, también es clave que no modifiques la pregunta (después de haberla hecho) por pensar que es muy compleja para los participantes. Es más apropiado que la repitas y les des mayor tiempo para discutirla y responder.
(Banco Mundial, 2021; Lemov, 2021)
para ayudarles a establecer un nexo lógico con su experiencia y a emitir un juicio de valor sobre lo vivido en la actividad.
En esta técnica, debes demostrar escucha y empatía hacia los participantes. Para ello, es clave el parafraseo de sus ideas y sentimientos, evitando brindar tu opinión o emitir juicios de valor. Esta técnica permite que los participantes se sientan escuchados y, además, que puedan oír en boca de otra persona lo que están expresando. Esto hace que sus emociones y opiniones se vuelvan más objetivas. Cuando una situación se percibe de forma más objetiva, es más fácil que una persona pueda resolverla por sí misma. En los casos necesarios, después de que el miembro de la familia haya terminado de expresarse, puedes hacerle preguntas generales y dirigidas para que encuentre una solución a su problema.
Por ejemplo, si un participante se está quejando del trato de sus compañeros, tú debes repetir lo que él o ella dice con tus propias palabras, preguntando: "¿Lo que quieres decir es que te pone triste que tus compañeros no quieran jugar contigo?" Luego puedes continuar con otras preguntas como: "¿Por qué crees que esto sucede?" o "¿Cómo crees que se puede resolver esta situación?".
(Cuddy et al., 2015; Covey, 2023)
El(la) educador(a) iniciará conformando un grupo de niños al que le designará responsabilidades, les explicará la actividad y les preguntará qué piensan sobre la misma para ayudarles a manifestar o compartir sus ideas, deseos, sentimientos, opiniones o experiencias de manera clara y
Una de las acciones más desafiantes para un(a) educador(a) es entregar instrucciones claras. Para lograrlo, enumera tus indicaciones y trata de expresarlas con la menor cantidad de palabras posible. Es importante no enfocarse en decir a los participantes lo que no deben hacer, sino que, por el contrario, seas específico en lo que deseas que realicen. Las instrucciones deben estar fragmentadas en pasos simples, ser concretas y presentarse en el orden en que esperas que se ejecuten. Para captar la atención de todos, se recomienda que las instrucciones no se den únicamente de forma oral, sino que también estén acompañadas de apoyos visuales o texto escrito. Asimismo, se sugiere que las instrucciones sean repetitivas, es decir, que utilices siempre las mismas frases para actividades que se repiten constantemente en los espacios de aprendizaje.
Por ejemplo, en los talleres, el(la) educador(a) explicará de manera secuencial y clara las actividades a desarrollar, apoyándose en materiales visuales y recordando siempre los aspectos clave a tener en cuenta durante el desarrollo del taller.
(Bambrick-Santoyo, 2016; Lemov, 2021)
En el caso de los talleres o PELCA, cuando vayas a dar una instrucción, enumera cada paso y exprésa lo utilizando la menor cantidad de palabras posible. Es importante que no te enfoques en decirles a los participantes lo que no deben hacer, sino que, por el contrario, seas específico respecto a lo que sí deseas que realicen. Las instrucciones deben estar divididas en pasos simples, concretos y presentados en el orden en el que esperas que se ejecuten.
Un ejemplo de instrucciones claras y enumeradas puede ser la utilización de acrónimos. Por ejemplo, para una actividad previamente planificada, puedes pedir a los participantes que trabajen en modo TOTEM:
· Tomar el material
· Organizarse en grupos
· Trabajar ordenadamente
· Empezar la tarea
· Mostrar el resultado
(Bambrick-Santoyo, 2016; Lemov, 2021)
coherente. De esta forma, se buscará que ellos sean los primeros en escuchar atentos las indicaciones dadas para la actividad, para que después puedan explicar a los compañeros que no estuvieron atentos o no entendieron, y así se fomente la capacidad de aceptar la corrección de otro.
El(la) educador(a) identificará juegos de trabajo colaborativo e impulsará que todos los niños se involucren en el cumplimiento de la actividad, recalcando que todos pueden aportar con sus conocimientos y/o habilidades.
Sabemos que planificas lo que realizarás en tu espacio de aprendizaje, pero también debes incluir en tu planificación (ya sea en el documento principal, en apuntes o en un formato aparte) una sección que indique qué estarán haciendo los participantes durante cada momento del aprendizaje.
Por ejemplo, mientras estás dando una explicación, puedes decir a los participantes que estén atentos a ciertas ideas clave o que tomen nota de lo que les parezca más útil o interesante. Esto te permite establecer expectativas claras y evitar que haya momentos desperdiciados.
Al inicio de la actividad, el(la) educador(a) distribuirá los espacios del taller; por ejemplo, pondrá mesas donde puedan sentarse 4 o 5 niños, dispondrá los materiales de forma ordenada y cuidando la estética; brindará a cada niño la posibilidad de elegir con quién sentarse o estar, y se invitará a compartir los materiales o actividades propuestas. En caso de que un niño, o un grupo de ellos, tenga una dificultad (por ejemplo, al cortar un tomate, hacer algún movimiento, mezclar un color), los motivará a pedir ayuda a otros o a buscar juntos una solución.
Al finalizar el taller, el(la) educador(a) resaltará la importancia de apropiarse de ideas y experiencias positivas de otros niños (o del/la educador/a que guía) surgidas durante el taller para afrontar eventos o situaciones de su vida cotidiana.
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