Los encuentros se realizan quincenalmente en dos horarios (de 9h00 a 11h00 y de 15h00 a 17h00) en las aulas más amplias del Centro Juvenil. Cada encuentro cuenta con entre 10 y 15 padres que participan junto a sus hijos y se desarrolla en dos partes: en la primera, a través de un espacio ambientado con distintos estímulos educativos, utilizando material reciclado y sencillo (rollos de cartón de papel higiénico, CD, etc.), sin sillas ni mesas, se enseña a los padres actividades educativas para aplicar en sus hogares con sus hijos. En la segunda, al terminar la actividad directa con el niño, en un clima de diálogo, se trata un tema previamente planificado (sobre una de las temáticas de los folletos para padres con niños de hasta 5 años de la Fundación: las etapas del desarrollo y los factores que las influyen, la nutrición, las relaciones familiares, etc.), en disposición circular para facilitar la puesta en común de las experiencias.
Piensa siempre en el objetivo del encuentro antes que en las actividades y respóndete: ¿Qué quiero lograr que los participantes aprendan en esta sesión? Con eso en mente, debes redactar los objetivos, las actividades y la forma de su evaluación (en caso de que sea aplicable, por ejemplo, talleres o PELCA). Es importante que los objetivos sean alcanzables, medibles, específicos, realistas y con una duración limitada, para verificar su cumplimiento al final del encuentro o tema. A este tipo de objetivos se les conoce como SMART por sus siglas en inglés.
(Bjerke & Ranger, 2017; Bambrick-Santoyo, 2016)

En la primera parte de la reunión, en un espacio previamente preparado donde los niños pueden utilizar los materiales y moverse en presencia de sus padres, el(la) educador(a) propondrá a los participantes observar a su hijo(a) durante la actividad pedagógica y completar una libreta educativa que contiene habilidades y destrezas según la edad del niño, para que puedan desarrollar su capacidad de atención a lo que ocurre en el entorno (en el otro, en las cosas, en lo que les rodea). Este momento durará aproximadamente 1 hora.
En la segunda parte de la reunión, durante el desarrollo del tema, el(la) educador(a) realizará preguntas a los padres sobre el tema planificado para identificar dificultades de su cotidianidad y se les
Espera un tiempo apropiado para que los participantes estén listos para responder. Esto fomenta la atención y evita la frustración. Por otro lado, también es clave que no modifiques la pregunta (después de haberla hecho) por pensar que es muy compleja para los participantes. Es más apropiado que la repitas y les des mayor tiempo para discutirla y responder.
(Banco Mundial, 2021; Lemov, 2021)
pedirá que contribuyan con su experiencia o con hipótesis de solución a los problemas relacionados con la temática, motivándoles a superar los fracasos y a que no abandonen las expectativas sobre el futuro (por ejemplo, resolver un conflicto familiar o encontrar un trabajo). Este momento durará aproximadamente 10 minutos.
En esta técnica, frente a comentarios tales como “no soy bueno para las matemáticas”, “no entiendo cómo se hace este ejercicio”, “yo no puedo” o “yo no soy capaz”, debes responder a los participantes con la palabra “todavía”, para que utilicen frases como: “todavía no lo sé”, “aún estoy aprendiendo” o “esto me falta por aprender”. Es una técnica sencilla para desarrollar la mentalidad de crecimiento en los participantes, evitando que adopten una mentalidad fija. En otras palabras, es una forma de hacerles entender que sus capacidades no son fijas y que, si se esfuerzan, pueden desarrollarlas. Esta técnica es fácilmente aplicable tanto en tareas dirigidas como en visitas, talleres y PELCA.
(Dweck, 2014)
Para el desarrollo del tema, el(la) educador(a) identificará un acontecimiento actual o de interés común que pueda ayudar a abordar el tema planificado del encuentro para fomentar en los padres el deseo de conocer, aprender, descubrir el porqué de las cosas. Además, relacionará
Pregunta a los participantes sobre sus intereses y tenlos en cuenta en la planificación; esto hace que quieran participar más activamente. Puede ser tan sencillo como brindar ejemplos relacionados con lo que deseas explicar, tomando en cuenta sus intereses – como personajes de una película, juegos, profesiones, etc. – hasta realizar un proyecto interdisciplinario basado en ese tema. La clave está en que anotes en un pequeño cuaderno los principales intereses de los participantes, y que esto te sirva como un recordatorio constante dentro de tu planificación. Para obtener información sobre sus intereses, puedes hacer preguntas orales o pedirles que completen un formato físico.
(Renzulli, 2023; Cherkas, 1992)
Es una rutina instruccional en la que los participantes, junto con un par, tienen una breve conversación, en voz baja, sobre un contenido específico del taller. El tema a conversar debe ser definido por ti, y además serás quien se encargue de cronometar la conversación y, posteriormente, guiar una puesta en común de las reflexiones de los participantes. Esta rutina ayuda enormemente a que, frente a un tema nuevo, los participantes conecten conocimientos previos y, por lo tanto, estén más involucrados en la actividad. Además, asegura la participación de todos y fomenta la escucha empática y la inclusión.
(Lemov, 2021)
constantemente lo tratado con su experiencia personal, para ayudar a que los padres verifiquen con su propia experiencia, relacionen lo que escuchan, dicen y hacen, y logren dar un juicio de valor sobre aquello que están viviendo (una relación afectiva insana, una postura equivocada en el trabajo, etc.).
Al inicio de cada encuentro o de un tema nuevo, ya sea en talleres o en PELCA, haz preguntas que vinculen el nuevo conocimiento con aquello que los participantes ya saben. Esto permite que se activen las conexiones neuronales y que la información se retenga con mayor facilidad. Asimismo, esta técnica ayuda a reducir el olvido de información clave que pudo haber sido compartida algunos días o semanas antes.
(Banco Mundial, 2021)
Finalmente, el(la) educador(a) garantizará que los asistentes hayan logrado establecer un nexo lógico entre el tema tratado y su experiencia y hayan incorporado las sugerencias dadas. Este momento durará aproximadamente 20/30 minutos.
Debes evitar hacer preguntas como: “¿Entendieron?”, “¿Está todo claro?” o preguntas que incluyan afirmaciones generales como: “¿Todos comprendieron cómo se deben batir los ingredientes?”. Frente a este tipo de preguntas, la respuesta de los participantes suele ser poco consciente. Por eso, es mejor formular preguntas concretas y objetivas para verificar si el objetivo realmente se ha cumplido. Por ejemplo: “Quiero que cada uno piense en un ejemplo de tipos de ingredientes que se utilizan para leudar” (e nel caso del taller de cocina), y luego alguien lo comparta. O bien: “Quiero que las mamás y papás presentes me comenten qué materiales podrían tener en casa que les sirvan para elaborar esta misma actividad de PELCA en el hogar”. Posteriormente, elegiré al azar a algunos de ustedes para que presenten sus respuestas.
(Lemov, 2021; Banco Mundial, 2021)
Durante la primera parte del encuentro, el(la) educador(a) asignará tareas a los padres y, de esta forma, observará su capacidad de desempeñar tareas con sus hijos de forma responsable sin esperar que se les repitan las instrucciones. Con esto, también verificará cuántos de los presentes se desempeñan de forma individualista, sin considerar al resto de padres e hijos, y deberá ayudarles a entender el valor de actuar pensando en el bien común (por ejemplo, uso de los espacios y del material).
Esta técnica sugiere que seas muy preciso al momento de entregar las instrucciones a los participantes. La idea es que sean tan claras que no den lugar a interpretaciones erróneas. Por ejemplo, en lugar de decir: “Guarden su esfero”, se puede decir: “Guarden su esfero en la cartuchera y la cartuchera en la mochila”. O, en lugar de decir: “Practique la actividad en casa”, puedes utilizar: “Busque cada día un momento para que, junto a su pequeño o pequeña, pueda practicar la actividad aprendida en PELCA”.
(Lemov, 2021)
Una de las acciones más desafiantes para un(a) educador(a) es entregar instrucciones claras. Para lograrlo, enumera tus indicaciones y trata de expresarlas con la menor cantidad de palabras posible. Es importante no enfocarse en decir a los participantes lo que no deben hacer, sino que, por el contrario, seas específico en lo que deseas que realicen. Las instrucciones deben estar fragmentadas en pasos simples, ser concretas y presentarse en el orden en que esperas que se ejecuten. Para captar la atención de todos, se recomienda que las instrucciones no se den únicamente de forma oral, sino que también estén acompañadas de apoyos visuales o texto escrito. Asimismo, se sugiere que las instrucciones sean repetitivas, es decir, que utilices siempre las mismas frases para actividades que se repiten constantemente en los espacios de aprendizaje.
Por ejemplo, en los talleres, el(la)educador(a) explicará de manera secuencial y clara las actividades a desarrollar, ayudándose de materiales visuales y recordando siempre los detalles importantes a cuidar durante el taller.
(Bambrick-Santoyo, 2016; Lemov, 2021)
En la segunda parte del encuentro, desarrollando el tema, el(la) educador(a) deberá garantizar que todo el grupo escuche con atención a los demás (involucrando todos sus sentidos y enfocándose en el otro presente) y, además, deberá facilitar que los padres puedan compartir
En esta técnica, debes demostrar escucha y empatía hacia los participantes. Para ello, es clave el parafraseo de sus ideas y sentimientos, evitando brindar tu opinión o emitir juicios de valor. Esta técnica permite que los participantes se sientan escuchados y, además, que puedan oír en boca de otra persona lo que están expresando. Esto hace que sus emociones y opiniones se vuelvan más objetivas. Cuando una situación se percibe de forma más objetiva, es más fácil que una persona pueda resolverla por sí misma. En los casos necesarios, después de que el miembro de la familia haya terminado de expresarse, puedes hacerle preguntas generales y dirigidas para que encuentre una solución a su problema.
Por ejemplo, si un participante se está quejando del trato de sus compañeros, tú debes repetir lo que él o ella dice con tus propias palabras, preguntando: "¿Lo que quieres decir es que te pone triste que tus compañeros no quieran jugar contigo?". Luego puedes continuar con otras preguntas como: "¿Por qué crees que esto sucede?" o "¿Cómo crees que se puede resolver esta situación?"
(Cuddy et al., 2015; Covey, 2023)
ideas, sentimientos, deseos, opiniones y experiencias de manera coherente, clara y considerando el receptor.
Es importante que utilices un vocabulario empático y positivo con los participantes. Concéntrate en la acción realizada y no en los atributos de la persona. Es adecuado invitar a una nueva conducta, en lugar de hacer énfasis en la conducta que no es la esperada.
(Nelsen et al., 2015)
Luego, el(la) educador(a) solicitará a los padres que manifiesten lo entendido para verificar su comprensión y realizar las correcciones oportunas. Después, propondrá a los padres que verifiquen lo aprendido en su experiencia a lo largo de las siguientes semanas, dejando, eventualmente, pequeñas tareas para desarrollar (por ejemplo, reflexionar sobre una pregunta clave con sus propios esposos, dedicar más tiempo de calidad a los hijos haciendo una actividad particular, o bien realizando una acción específica en el ámbito de trabajo).
Pide que alguno de los participantes repita las instrucciones que acabas de dar con sus propias palabras. De igual forma, si estás en un taller y das unas instrucciones finales o presentas una actividad que deberán practicar en casa, pide que la madre o el padre la repita con sus propias palabras. Esta técnica puede ser utilizada en cualquier espacio de trabajo.
(Bambrick-Santoyo, 2016)
Para finalizar el encuentro, a través de un diálogo más informal entre los participantes y/o de una actividad en conjunto (por ejemplo, preparar un café, una manualidad o cocinar juntos), el(la) educador(a) favorecerá la capacidad de guiar, motivar, colaborar (es decir, trabajar con otros para un objetivo común) o, en ciertos casos, pedir ayuda. Además, retomará una situación o caso particular que haya surgido durante el encuentro y solicitará que los participantes se pongan en el lugar del otro y comprendan mejor lo vivido, para favorecer que desarrollen su capacidad de acompañar, hacer crecer y aportar con sus propios conocimientos y habilidades.
Por último, el(la) educador(a) resaltará la importancia de apropiarse de las experiencias positivas escuchadas durante el encuentro para poder afrontar su vida cotidiana.
En esta técnica, debes demostrar escucha y empatía hacia los participantes. Para ello, es clave el parafraseo de sus ideas y sentimientos, evitando brindar tu opinión o emitir juicios de valor. Esta técnica permite que los participantes se sientan escuchados y, además, que puedan oír en boca de otra persona lo que están expresando. Esto hace que sus emociones y opiniones se vuelvan más objetivas. Cuando una situación se percibe de forma más objetiva, es más fácil que una persona pueda resolverla por sí misma. En los casos necesarios, después de que el miembro de la familia haya terminado de expresarse, puedes hacerle preguntas generales y dirigidas para que encuentre una solución a su problema.
Por ejemplo, si un participante se está quejando del trato de sus compañeros, tú debes repetir lo que él o ella dice con tus propias palabras, preguntando: "¿Lo que quieres decir es que te pone triste que tus compañeros no quieran jugar contigo?". Luego puedes continuar con otras preguntas como: "¿Por qué crees que esto sucede?" o "¿Cómo crees que se puede resolver esta situación?"
(Cuddy et al., 2015; Covey, 2023)