Acompañamiento Familiar

El acompañamiento familiar se realiza mensualmente a todas las familias de manera presencial, con el fin de conocer sus necesidades, guiarlas, acompañarlas en la búsqueda de soluciones e invitarlas a las diversas propuestas educativas ofrecidas por la Fundación. Se pondrá especial énfasis en la situación del niño y en la relación educativa. Cada educador(a) planifica, durante el mes, el tiempo destinado a las visitas. Cada visita tiene una duración aproximada de 45 minutos, y se realiza directamente en el domicilio de la familia, contando con la presencia de la madre y del niño para poder observar y fortalecer el proceso educativo desde el hogar. El desplazamiento a las casas puede realizarse a pie o en transporte público.

Observación del ambiente

Es de gran utilidad que, como educador, des importancia a la observación del entorno, pues este puede brindarte mucha información sobre lo que sucede dentro del hogar y, por ende, sobre cómo apoyar mejor a la familia. Cuando estés en la vivienda, toma nota de aspectos relacionados con la higiene, la seguridad del espacio y los ambientes donde se desarrollan los niños (especialmente si son pequeños). Asimismo, al salir, observa el barrio: su seguridad, limpieza y si se evidencia algún sentido de comunidad, entre otros aspectos. Con esas observaciones podrás identificar en qué áreas trabajar o si es necesario derivar el caso a profesionales externos.
(Ministerio dela Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, 2014)

Si se detecta un caso de violencia, el acompañamiento familiar puede variar en frecuencia y modalidad y, según la gravedad, se deriva a una ayuda profesional específica mediante alianzas que la Fundación establece con otras organizaciones del sector.

Busco apoyo

Dentro del marco de las visitas domiciliarias, surgirán muchas situaciones en las que, como guía, deberás reconocer que el tema a abordar requiere la intervención de un especialista (médico, nutricionista, psicólogo, guía espiritual, etc.).
Por esta razón, es fundamental que identifiques los límites de tu rol y solicites el apoyo de otros profesionales para brindar a la familia la mejor ayuda posible.
Recuerda que, en general, estos casos son puntuales, pero es importante estar atento ante situaciones de alta vulnerabilidad.
Para contar con apoyo adecuado, crea – junto con la fundación en la que trabajas – una base de datos de profesionales a los que puedas derivar casos. Además, investiga los protocolos gubernamentales existentes para situaciones de riesgo que afecten a los diferentes miembros de la sociedad.

CONCIENCIA DE SÍ
Reconocer la realidad, el valor y la dignidad propios. Tomar conciencia de sus propias habilidades y límites.

Al inicio de la visita, el(la) educador(a) identificará elementos positivos o negativos del contexto familiar (cuidado del hogar, educación de los hijos, situación laboral y salud) y realizará preguntas sobre lo identificado para desarrollar en la madre y/o el padre su capacidad de tomar conciencia del entorno y estar atentos a lo que sucede en el ambiente donde se desenvuelven (del otro, del entorno, de las cosas).

Un halago primero

Para que las familias reciban bien la información o las sugerencias que se les van a dar, es clave comenzarla visita con un halago. Este puede estar dirigido a la casa, a los niños, a la madre, al padre, etc.
Lo importante es iniciar el encuentro con un comentario positivo que ayude a que todos los presentes se sientan cómodos y valorados.
(Flores, 2015)

Estas preguntas ayudarán al(la) educador(a) a identificar qué habilidades y límites reconoce la madre y/o el padre en su vida cotidiana, de manera que puedan corregirlos, potenciarlos o mejorarlos.
En caso de haber identificado una dificultad o fracaso, el(la) educador(a) continuará el diálogo con la madre y/o el padre para ayudarles a entender posibles hipótesis de resolución y verificar si es capaz de superar el fracaso y retomar fácilmente el camino. El(la) educador(a) puede partir de su propia experiencia para mostrar cercanía con la familia.
Durante la visita, el(la) educador(a) ayudará a la madre y/o el padre a comprender la importancia de identificar sus talentos y límites para su desarrollo personal y el alcance de sus expectativas hacia el futuro, por ejemplo, respecto al trabajo, a la familia, a los hijos.

Soy Espejo

En esta técnica, debes demostrar escucha y empatía hacia los participantes. Para ello, es clave el parafraseo de sus ideas y sentimientos, evitando brindar tu opinión o emitir juicios de valor. Esta técnica permite que los participantes se sientan escuchados y, además, que puedan oír en boca de otra persona lo que están expresando. Esto hace que sus emociones y opiniones se vuelvan más objetivas. Cuando una situación se percibe de forma más objetiva, es más fácil que una persona pueda resolverla por sí misma. En los casos necesarios, después de que el miembro de la familia haya terminado de expresarse, puedes hacerle preguntas generales y dirigidas para que encuentre una solución a su problema. Por ejemplo, si algún hijo se está quejando del trato de sus padres, debes repetir lo que él o ella dice en otras palabras: “¿Lo que quieres decir es que te pone triste que tus padres no pasen tiempo contigo?” A partir de ahí, puedes seguir con preguntas como: “¿Por qué crees que esto sucede?” o “¿Cómo crees que se puede resolver esta situación?”. Estas preguntas guía favorecen la autorreflexión y, por ende, la resolución autónoma del conflicto.
(Cuddy et al., 2015)

PENSAMIENTO CRÍTICO
Capacidad de conocer, analizar y valorar propuestas y circunstancias de la realidad, usando un criterio de juicio adecuado.

Durante la visita, a partir de la dificultad o fracaso identificado, el(la) educador(a) favorecerá que la madre y/o el padre emita un juicio de valor a través de preguntas que le ayuden a profundizar.
Al finalizar cada visita, el(la) educador(a) deberá verificar también si la madre y/o el padre valora las propuestas de la Fundación, invitándoles a participar y a sugerir subtemas para los momentos de encuentro que puedan ser de interés común.

Aportar luz y no calor

En algunas ocasiones, podemos encontrarnos con situaciones difíciles o malentendidos entre el(la) educador(a) y los participantes. Algunos temas ya son acalorados de por sí, lo cual es comprensible.
Es importante que, al hablar, mantengas la calma y procures conservar una actitud objetiva, incluso en situaciones tensas.
Si formas parte de una pequeña discusión, recuerda: se trata de aportar luz, no calor. Para ello, debes escuchar con atención la opinión del otro – por mucho que estés en desacuerdo – y reconocer que su punto de vista también es válido. Tu objetivo será dejar que entren rayos de luz sobre el tema: abrir la discusión, respetar el punto de vista dela familia y procurar que comprendan el tuyo. Mantener la calma nunca falla.

TOMA DE DECISIONES
Capacidad de enfrentar la realidad y de adherirse a lo que se reconoce como un bien.

Durante la visita, el(la) educador(a) se enfocará en la dificultad o el fracaso más relevante de la madre y/o el padre, ayudándole a establecer prioridades y guiándole en su resolución. Además, comprobará que estén poniendo en práctica las actividades y tareas asignadas durante los talleres formativos, poniendo particular atención a que la madre y/o el padre se desempeñen de forma responsable en la tarea educativa hacia sus hijos.
Como herramienta privilegiada para enfrentar la problemática del trabajo, el(la) educador(a), con base en el conocimiento de la realidad que vive la familia, impulsará de forma particular a la madre

Sus propias metas

Usa la autorreflexión para guiar a los padres hacia las metas que consideras adecuadas. Evita decirles exactamente lo que deben hacer, ya que esto puede percibirse como una actitud invasiva. Es preferible hacer preguntas guía que les permitan establecer sus propios objetivos de mejora. Por ejemplo, en lugar de decir: “Para la próxima visita quiero que todas las noches tengan un momento de calidad con sus hijos”, puedes decir: “De lo que hemos conversado, veo que podemos trabajar en los tiempos de calidad con sus hijos. ¿Cómo creen que podrían hacerlo? ¿Cuánto tiempo podrían dedicar a eso? ¿Qué actividades les parecen adecuadas para compartir un tiempo de calidad?”. De esta forma, puedes orientar a la familia mediante preguntas dirigidas, pero sin adoptar un tono obligatorio o amenazante.
(Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, 2014) 

y/o el padre a emprender o tener iniciativas realistas y sostenibles en el tiempo. En las visitas sucesivas hará seguimiento sobre el desarrollo de la iniciativa y verificará si ha tomado acciones para su consecución.

Todos necesitamos un recordatorio

Los recordatorios visuales o tecnológicos son útiles para personas de todas las edades, desde niños hasta adultos mayores. Estos ayudan a que cada individuo recuerde acciones que debe realizar, a tener presente frases que apoyan su desarrollo emocional e incluso funcionan como una forma de comunicación con terceros. En el caso de las visitas domiciliarias, puedes sugerir a las familias que acuerden una forma de apoyo visual o tecnológico mediante la cual tengan siempre presentes sus metas a trabajar. Pueden pegar “post-its” en la refrigeradora, tener una imagen en la mesa de la sala, o incluso pedirte que envíes mensajes de texto con los recordatorios cada día, semana o mes. Lo importante es que, como familia, determinen cómo quieren recibir estos apoyos para cumplir sus metas.
(Red Cenit, 2015)

Vínculo ante todo

Para que la relación con la familia funcione, siempre debes estar pendiente de mantener un vínculo adecuado. Existen diferentes técnicas para mejorar el vínculo entre personas, pero una que funciona muy bien es mostrar altas expectativas y demostrar la confianza que el(la) educador(a) tiene en la familia. Para lograr esto, menciona verbalmente tu seguridad en que la familia alcanzará los objetivos planteados y cómo cuentas con ellos para lograr las metas. Menciona también cómo brindarás apoyo y siempre muéstrate atento y dispuesto a ayudar. La constancia y una mirada benevolente ayudan en gran medida a ganarse la confianza de las familias.   (Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, 2014)

Por otro lado, el(la) educador(a) deberá verificar si muestra orientación hacia el bien común (por ejemplo, teniendo limpios los espacios donde vive, realizando iniciativas que beneficien a toda su familia, a sus vecinos o su barrio).
Al final de la visita, el(la) educador(a) asignará tareas a la madre y/o al padre, según lo que haya identificado como punto a mejorar o trabajar en su entorno familiar; en la siguiente visita, verificará que se hayan puesto en práctica.

Me cuido siempre

Es muy importante que, como educador(a), puedas separar el apoyo y la empatía que das a las familias que visitas de tu propia realidad. Es clave que no te apropies de la vida de las familias visitadas y que no permitas que esto afecte tu vida social y emocional. Para conseguir esto, es recomendable que lleves un diario en el que puedas escribir y desahogarte de todo lo que has vivido durante las jornadas de visita, y que registres las emociones que estas te han hecho sentir. En caso de que el diario no sea suficiente, es importante que busques apoyo con las personas que trabajan contigo, con un psicólogo o con algún profesional que pueda ayudarte a separar las realidades, para que de esa forma te sientas tranquilo y, al mismo tiempo, puedas apoyar de la mejor manera a las familias que visitas.

COMUNICACIÓN
Capacidad de escuchar, comprender y manifestarse.

El(la) educador(a), observando el entorno familiar y dialogando con la madre y/o el padre, verificará su capacidad de escuchar con atención, de involucrarse con todos sus sentidos y enfocarse en lo que se le está diciendo.
Siempre con base en el diálogo, el(la) educador(a) intervendrá con sugerencias (que pueden incluir experiencias propias) y verificará si la madre y/o el padre aceptan con humildad correcciones sobre algún aspecto tratado (aprendizaje de su hijo, alimentación, entorno familiar, etc.).
El(la) educador(a) podrá comprobar cómo la madre y/o el padre se expresa al manifestar sus ideas y opiniones sobre el tema que se está tratando, y podrá evidenciar su nivel y deseo de comprensión, observando si pide o da retroalimentación.

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RELACIONES INTERPERSONALES
Capacidad de establecer vínculos significativos con los pares y con la autoridad.

Durante la visita, el(la) educador(a) observará el entorno familiar y el desempeño de la madre y/o el padre con respecto a las actividades educativas sugeridas, para verificar si sabe acompañar, ayudar y hacer crecer a su hijo, aportando sus propios conocimientos y/o habilidades.
Además, el(la) educador(a) verificará el desarrollo de la capacidad de la madre y/o el padre para confrontarse, compararse, seguir y apropiarse de modelos positivos.

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